El estadio Azteca lucha contra el reloj
A 100 días de que comience la Copa Mundial de la FIFA, hay un reloj invisible que avanza más rápido que la cuenta regresiva. No existe fiesta, sino premura. “Ahí vamos, a marchas forzadas”, relata uno de los transportadores de material, con el cansancio acumulado en las botas. ¿Estará a tiempo?, se le pregunta mientras el esfuerzo por levantar un par de cubetas con 19 litros de pintura morada se le marca en los tendones del cuello. “Eso esperamos”. La puerta 1, la más cercana a calzada de Tlalpan, es la única vía que conecta con el exterior. El acceso es un ritual de desconfianza: identificaciones, nombres, áreas de trabajo y jerarquías. Nadie pasa si no pertenece al engranaje.