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La eterna inestabilidad en la dirección deportiva del Real Zaragoza y el papel de redentor de Lalo Arantegui

El Real Zaragoza lo ha intentado con todo tipo de directores deportivos en esta larguísima etapa en Segunda División. Al cierre de la actual campaña, la decimotercera consecutiva lejos del hábitat natural histórico del club, el objetivo de la SAD tampoco llegará. Una vez más, el ascenso a Primera será imposible. Bastante hará el equipo si consigue la permanencia y esquiva la caída al pozo más profundo de las últimas décadas: la Primera RFEF.

En estos trece años, el Real Zaragoza ha tenido siete directores deportivos, uno repetido. Ángel Martín González, recientemente despedido en la Sociedad Deportiva Huesca, acarició la gloria en Las Palmas. Le faltaron, o le sobraron, solo unos minutos. Aquella gran decepción en Canarias fue el inicio de todo el tormento posterior. Otro ejecutivo, Lalo Arantegui, visualizó el ascenso desde un poco más lejos pero con argumentos futbolísticos muy consistentes. En las dos ocasiones, una con Natxo González y otra con Víctor Fernández, se quedó en las semifinales del playoff, el penúltimo escalón hacia el cielo.

Entre ambos, el primero y el último por el momento, lo intentaron Narcís Juliá, Miguel Torrecilla, Juan Carlos Cordero y Txema Indias. Los resultados son conocidos: todos terminaron destituidos en poco tiempo y sus proyectos se evaporaron a gran velocidad sin haber olido el éxito ni en la lejanía. Les fue mal. Las elecciones equivocadas de jugadores y de entrenadores condicionaron años y años de frustraciones.

Ahora, con el agua al cuello, que el Real Zaragoza sigue con el agua al cuello aunque la llegada de David Navarro haya servido para que apareciera un flotador hacia la salvación al que poder agarrarse, la SAD se ha vuelto a entregar a Lalo Arantegui, el director deportivo que más cerca intuyó el ascenso en estas trece temporadas después de Martín González.

Ha sido una buena decisión. Lalo hizo más cosas bien que mal entre febrero de 2017 y diciembre de 2020. Y lo hizo con menos dinero del que ahora tendrá para gastar. De momento, ya sabemos que tiene un plan muy claro: llenar de contenido su secretaría técnica e incorporar profesionales de Aragón que ayuden a recuperar la identidad perdida.

En esa línea han ido sus primeros pasos desde que ocupa el sillón que dejó vacío Txema Indias con su destitución. Arantegui ha fichado ya a Jaume Jardí, extremo talentoso del Nástic de Tarragona. Jugador fino como siempre le han gustado. Y revalorizable. A la espera de conocer si el Real Zaragoza jugará en Segunda, que ojalá Navarro sea capaz de completar una obra redonda, o en Primera RFEF, ni el propio Lalo sabe si su segunda etapa en el club acabará bien o acabará mal ni cuántas dificultades le deparará el futuro y la gestión de la realidad que le toque vivir. No lo sabe él ni lo sabe nadie. Sobre el papel, eso sí, la planificación deportiva de la SAD vuelve a estar en buenas manos.

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