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Grandvalira acelera el pulso: Suter y Aicher reinan en la Àliga

El viento frío que baja desde las crestas del Tarter tiene algo de electricidad cuando sopla día de carrera. En la pista Àliga, que este 27 de febrero celebraba una década en el calendario de la Copa del Mundo, el esquí femenino volvió a demostrar por qué la velocidad es una cuestión de fe. Fe en una línea, en una presión sobre el canto, en un salto que te escupe hacia los 120 km/h con el corazón en la boca.

En el Descenso del viernes, la que creyó hasta el final fue la suiza Corinne Suter. Con 1:31.62, se impuso en una jornada que la reconcilia con la victoria tras cuatro años sin subir al cajón más alto en esta disciplina . No era un triunfo cualquiera: Suter, campeona del mundo en 2021 y olímpica en 2022, regresaba a un escenario que conoce bien, donde ya había saboreado podios en el pasado. Esta vez no dejó margen al error. “Esquiar de arriba a abajo sin cometer ningún fallo”, resumió como quien habla de una receta sencilla que solo dominan las elegidas .

La Àliga respondió con ese carácter que la ha convertido en una pista respetada en el circuito. Diez años después de su estreno mundialista, volvió a mostrarse técnica en la parte alta, exigente en el Curvone y generosa en la zona final, donde el público aprieta y el cronómetro no perdona . Las altas temperaturas de los días previos no empañaron un trazado que las corredoras elogiaron por su estado impecable . En meta, la sensación era unánime: pocas sedes combinan así organización, ambiente y calidad de nieve.

Tras Suter, la austriaca Nina Ortlieb se quedó a 11 centésimas, celebrando un regreso al podio que sabe a redención tras dos años marcados por las lesiones . Tercera fue Sofia Goggia, a 24 centésimas, sólida y ambiciosa, aunque consciente de que la lucha por la disciplina exige algo más que regularidad . La clasificación no se agitó en lo más alto, pero sí comprimió tensiones de cara al fin de semana.

El sábado, la historia cambió de ritmo. El Supergigante, reprogramado en Grandvalira tras la cancelación de Zauchensee, pidió instinto y precisión. Y allí emergió la alemana Emma Aicher, 21 años y una madurez competitiva que impresiona. Con 1:26.72, firmó su quinta victoria en Copa del Mundo, tercera en SG, y escaló hasta la tercera plaza de la clasificación de la disciplina . Su esquí, fluido y directo, encontró en la Àliga un lienzo perfecto.

“Trabajas toda la vida para estar a este nivel”, dijo Aicher con esa mezcla de incredulidad y certeza que acompaña a los grandes días . A su estela, la neozelandesa Alice Robinson fue segunda, a 88 centésimas, sumando puntos de oro para mantenerse a solo 20 de Goggia en la general del Supergigante . El duelo por el liderato queda abierto y promete un domingo de alta tensión. Suter, tercera, confirmó que su fin de semana no era casualidad, disfrutando de una nieve que, según confesó, invitaba a volver a tirarse por ella nada más cruzar meta .

Goggia, sexta en este primer SG, mantuvo el liderato pero reconoció que le faltó velocidad en la parte central . Y Federica Brignone, lejos de las primeras posiciones, se emplazó a la revancha. La clasificación aprieta, el calendario se acorta y cada centésima empieza a pesar como una losa.

En meta, el World Cup Village vibró durante todo el fin de semana. Familias, aficionados y curiosos compartían café caliente y conversación mientras las mejores del mundo se jugaban el prestigio en poco más de minuto y medio. Grandvalira no solo organizó una carrera; volvió a demostrar que puede ser capital blanca del invierno. La Àliga, diez años después de su debut mundialista, sigue extendiendo sus alas. Y cuando las corredoras hablan de volver, incluso de vacaciones, uno entiende que hay sedes que no solo se compiten: se sienten.

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