El Celta cierra una semana espectacular con su tercer triunfo consecutivo, que lo coloca a las puertas de la quinta posición. El equipo, tras un pequeño bache de resultados, ha conseguido regresar a la senda de la victoria con su mejor cara y ha demostrado que todos los futbolistas de su plantilla están enchufadísimos.
Esta noche el Celta tuvo que remontar frente a un Girona que le planteó el partido de poder a poder. Dos proyectos de autor que disputaron un encuentro lleno de alternativas, de acciones brillantes y muchas ocasiones. La efectividad de los vigueses en el segundo tiempo, sumada a la concentración en defensa y a las buenas manos de Radu cuando los ginorís más apretaban, dieron los tres puntos a los de Giráldez que se plantan otra vez en marzo sin saber cuál será su techo este curso. El Celta alcanza los 40 puntos justo a las puertas del que será el tramo más duro de la temporada: doble duelo contra el Lyon y los compromisos en LaLiga ante el Real Madrid y el Betis.
No mintió Giráldez en la previa cuando anticipó que a su equipo no le iba a faltar energía en Montilivi pese al poco tiempo de descanso. El Celta, con siete cambios en su alineación respecto al jueves, sumó a ese empuje con el que saltó al campo mucha jerarquía para disputarle la posesión al Girona.
En el primer tiempo, con tramos de dominio para ambos equipos, los celestes rondaron el área de Gazzaniga y les faltó muy poco para llevarse el premio del gol. Faltó puntería y un pellizco de suerte para llevarse el gato al agua en dos jugadas que se encontraron con los palos o con la intervención salvadora del portero gironí.
El primero en encontrarse con la madera fue Mingueza desde la izquierda con un centro-chut que se encontró con el larguero. También la tuvo Jutglà poco después. El delantero se encontró dentro del área con una pelota que Gazzaniga le había dejado a sus pies. El guardameta argentino reaccionó a su error y en un acto de fe tapó con el pie el remate del céltico.
El Girona, por su parte, se aferraba a la capacidad de desborde de Bryan Gil para acercarse a la portería de Radu. El extremo andaluz fue un incordio para Mingueza y Javi Rodríguez. En una de sus cabalgadas hacia la línea de fondo, forzó el saque de esquina que sirvió para que Witsel prolongase en el primer palo y Vanat culminase la acción.
Se ponía por delante el equipo de Míchel que hasta ese momento solo había encontrado un cabezazo de Tsygankov que atrapó Radu. Tras el gol, el Celta siguió amenazando. Fer López, que había estado algo gris hasta ese momento, se marchó por su banda, se plantó en la frontal y su disparo se fue al palo tras tocar en las piernas de Blind.
La segunda mitad arrancó bajo el mismo guion, con una diferencia: el Celta afinó el tiro. Después de que Arnau sorprendiera a Radu con un lanzamiento contra el travesaño, Ferrán Jutglà, que hasta ese instante parecía que estaba peleado con el balón, controló a la perfección un pase de Mingueza y su siguiente toque fue un derechazo que dobló los dedos de Gazzaniga y golpeó la red con violencia. Golazo y reivindicación del atacante catalán, que necesitaba un estímulo así.
A partir de ahí el Girona dio un paso adelante. Míchel introdujo a Ounahi y de la mano del marroquí los locales comenzaron a inclinar el campo hacia la portería de Radu. El portero rumano, de hecho, sacó una mano prodigiosa a un disparo de Hugo Rincón. Un par de minutos después, el Celta culminó su remontada tras una gran jugada y con un poco de esa fortuna que antes le había sido esquiva. Vitor Reis introdujo en su propia portería un centro de Mingueza.
A partir de ahí al Celta le tocó aguantar. Ounahi seguía muy inspirado, encontrando grietas donde no las había, y el Celta estaba cada vez más hundido. Giráldez lo detectó y cambió el plan. Introdujo a El-Abdellaoui para mantener la amenaza a la contra, reforzó el centro del campo haciendo debutar en LaLiga a Andrés Antañón y oxigenó a la defensa con Manu Fernández y Javi Rueda. Los celestes resistieron. Radu tuvo tiempo a lucirse con otra gran intervención frente a Ounahi y el último intento del Girona, con un toque de espuela de Reis, se fue fuera. Con el pitido final el Celta y los 200 aficionados que acompañaron al equipo en Montilivi pudieron celebrar el cuarto triunfo consecutivo en 11 días.