Sin Mbappé, pero con 'Vinisistema' y Courtois. Así resolvió Arbeloa una vuelta más caldeada en la previa que en el encuentro, solventado tras el gol inicial del Benfica. Con Prestianni ausente y Mourinho escapando de la prensa, el técnico del Madrid vio cómo su antiguo maestro, por medio de su valido Joao Tralhao, planteó un inicio enérgico.
Sin nada que perder, para recompensar el aliento de más de 4.000 benfiquistas que pusieron la presión ambiental. El mayor acierto en las áreas, encarnado por dos goles de Tchouaméni y Vinicius, fue suficiente para citarse con el Sporting o el City en octavos de la Champions y silenciar al sector visitante. Un alivio por pasar a octavos, una ronda en la nunca quisieron estar.
Puso por delante a los visitantes Rafa Silva, quien aprovechó otra desconexión defensiva del Madrid. Camavinga no replegó correctamente y con Carreras en labores ofensivas, Courtois buscó obrar el primer milagro de la noche. Evitó el gol en propia de Asencio, pero no pudo hacer lo mismo con un rechace que dejó igualada la eliminatoria. Fue por poco tiempo, para alivio de un Bernabéu enrarecido.
Tchouaméni marca las diferencias
Tchouaméni, desde el balcón del área, armó un disparo preciso que evitó la estirada de Trubin. Un tanto tranquilizador que dio reposo al Madrid para que pudiera pensar. Aunque no hay peor ideas que las de Vinicius, el líder absoluto de este equipo, quien incluso con dos hombres encima se las ingenió para electrocutar una banda desde la que puso, pasada la media hora, un centro que Gonzalo convirtió en una asistencia para Güler. Aunque lo hizo en fuera de juego, según decretó el VAR.
Las noches europeas en el Bernabéu pasan, primero, por las manos de Courtois, y después del resto. El belga se sacó una de esas manos que estiran los elegidos para frustrar un derechazo de Richard Ríos. Un disparo ante una defensa hundida que mostró la cara más precaria del Madrid. Una pérdida de Vinicius provocó una oportunidad muy clara de Rafa Silva, un genio embotellado, que obligó de nuevo al meta blanco a volar para enviarla al larguero.
Pero a nadie le apetecía el vértigo y todo quedaba sometido a la inercia de las ocasiones, como la que tuvo Valverde en una contra que definió como un '9'. En el 71, Asencio y Camavinga chocaron violentamente. El peor parado fue el canario, inmovilizado en el campo y ovacionado tras su cambio por obligación. Fue el prólogo a la sentencia de Vinicius, tras enfilar una gran asistencia del uruguayo. Reprodujo la celebración de la ida, esta vez sin amarilla y con un público que sí le aplaudió. Y Mourinho, en el autobús.