Alemania ha dado un nuevo impulso a su salario mínimo nacional y, desde el 1 de enero de 2026, lo ha fijado en 13,90 euros brutos por hora, lo que lo convierte en una de las remuneraciones mínimas por hora más altas de la Unión Europea.
Frente a este dato, España se queda claramente por debajo: el nuevo Salario Mínimo Interprofesional (SMI) vigente en 2026 se sitúa en 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, lo que equivale aproximadamente a 1.424,50 euros en 12 pagas o unos 17.094 euros brutos al año.
Aunque ambos países aplican un salario mínimo general, el formato y el nivel de esa referencia son muy distintos, y esa diferencia marca el inicio de una discusión más amplia sobre modelos laborales y poder adquisitivo.
Por qué esta diferencia en el salario mínimo
En Alemania, el criterio es horario: cualquier trabajador que cobre menos de 13,90 euros brutos por hora percibe un salario mínimo infravalorado, se trate de contrato a tiempo completo, parcial o de obra y servicio. Esta lógica facilita comparar sectores y evitar que el reparto de horas esconda salarios, en realidad, demasiado bajos.
En España, en cambio, el SMI se define en términos mensuales anuales (14 pagas), por lo que el salario mínimo se descuenta según el número de horas trabajadas, y no existe una cifra oficial “por hora” que se aplique de forma automática. Este diseño permite más flexibilidad contractual, pero también abre la puerta a que algunos trabajadores a tiempo parcial terminen con remuneraciones muy bajas en términos de renta anual.
Si se traducen las cifras de Alemania a un empleo a tiempo completo de 40 horas semanales, el salario mínimo mensual se sitúa en torno a 2.500 euros brutos aproximados, muy por encima de los 1.221 euros del SMI español. Esto significa que, en Alemania, el sueldo mínimo es capaz de cubrir un mayor porcentaje de la renta media del país.
En España, aunque el SMI ha subido de forma reciente, sigue siendo un porcentaje reducido de la retribución media. Pero esta disparidad de cifras no se explica solo por la economía: también refleja modelos sociales distintos.