Guarda el móvil en el bolsillo y sube el volumen: cada curva del trazado galo femenino tiene su propio latido. El puerto de Superdévoluy regaló en 2026 un duelo a rueda suelta entre Vollering y Van Vleuten que aún duele en las piernas; la etapa alpina de 2026 dejó a Mavi García sola contra el reloj, respirando hielo, mientras el cronómetro marcaba 42 km/h de media. Si quieres revivirlo, busca el minuto 73 del directo: la cámara la siguió durante tres kilómetros sin cortar, y el silencio del comentarista habla más que cualquier frase.
El llanto de Charlotte Kool en Champs-Élysées no fue por el esfritado, sino por la foto que le mostraron al cruzar meta: su hermana pequeña con la bandera neerlandesa entre el público. La holandesa ganó ese día, pero lo que se lleva a casa es el papel mojado que le dio su mecánico con la hora exacta en que su familia pilló el tren de París. Guárdalo como recuerdo: en este deporte las lágrimas pesan más que los trofeos.
Etapas Clave de la Competencia
Apuesta por seguir la séptima fracción, la de los Vosgos: 127 km con tres puertos puntuables seguidos que partieron el grupo y definieron la clasificación.
La contrarreloj de 22 km por la región de Saint-Étienne fue el punto de inflexión: la campeona ganó 42 segundos a su escolta y selló el liderato.
- Etapa 2 - Col du Platzerwasel: desnivel del 12 % y rampas superiores al 15 % en los últimos 3 km.
- Etapa 5 - Llano de Bourgogne: velocidades medias de 48 km/h y caídas que eliminaron a varias velocistas.
- Etapa 8 - Super Besse: final en alto tras 11 km al 7 %, donde la maglia cambió de dueño.
El cuarto segmento, con adoquines y barro, asestó otro golpe: pinchazos, roturas de cuadro y un puñado de corredoras perdieron más de dos minutos antes de llegar a la meta.
Muchos analistas subestimaron la tercera jornada, catalogada como llana, pero un fuerte viento lateral escindió el pelotón en tres bloques; el equipo rosa colocó a cuatro de sus ciclistas en el primero y tomó el mando de la tabla por equipos.
- Ataque a 92 km de meta en la etapa reina.
- Rotura del grupo de favoritas en el descenso técnico del Grand Ballon.
- Contrarreloj final sin apoyo de compañeras.
El sprint en Champs-Élysées reservó el colofón: victoria holandesa por un margen de un cuarto de rueda y récord de puntos para la ciclista danesa que ya acumula dos galardones especiales en una sola edición.
Montaña: Desafíos Inesperados
Guarda 28 mm de caucho y presión 4,2 bar: ese combo salvó a A. Martínez en el Galibier cuando el asfalto se volvió hielo negro a 2 200 m. Con ese calibre rueda más ancha y 0,3 bar menos de lo habitual, sus neumáticos clavaron sin patinar y pudo atacar los 11 km finales a 8 % sin ceder la rueda de la favorita.
- El viento catabático baja del macizo a 60 km/h justo al paso por el túnel más alto; baja la marcha, aguanta el manillar con el antebrazo y no te pongas de pie si tu peso es < 55 kg.
- El descenso sur tiene curvas abiertas pero el firme guarda arena fina: aprieta el canto externo y no frenes en la banda central, allí el paso de coches deja un velo que anula el agarre.
- A 1 800 m la frecuencia cardíaca sube 8-10 latidos sin avisar; si tu umbral anda en el 92 %, marca 88 % en el ordenador y guarda margen antes del kilómetro de 10 % que cierra la etapa.
El año pasado la niebla cortó la visibilidad a 30 m y el helicóptero perdió la señal GPS; las fuga de escape se agolparon sobre el puerto. Quienes conocían el repecho de memoria subieron 35 s más rápido que el grupo previsor. Memoriza los hitos: cruce de ganado a 5 km, refugio pintado de rojo a 3 km, muro de 12 % justo después del puente de piedra. Ahí se decide la reina de las alturas.
Contrarreloj: Estrategias Ganadoras
Calienta el motor a 90 rpm durante los primeros 200 m, luego sube a 105-108 rpm y mantén la cadencia sin dejar que el pulso pase del 92 % del umbral; cualquier aceleración espontánea por encima de ese valor se paga en el último kilómetro con pérdidas de hasta 8 s.
Elige un desarrollo que te permita rodar en el piñón 14-16 en llano; si el trazado incluye repechos cortos, anticipa el cambio al plato pequeño justo antes de la cuesta para evitar el salto de cadena bajo esfuerzo. Coloca el sillín 5 mm más adelante que en carrera por etapas, baja el puño 3 mm y cierra el ángulo del codo a 90°; cada milímetro mal ajustado cuesta cerca de 1,2 s por kilómetro. Practica la entrada en curvas: frena con el peso sobre el pedal bajo, gira con el exterior del cuadro y acelera antes de alcanzar el ápice; así ahorras 2-3 s por cada cambio de dirección.
Controla la respiración: tres golpes de pedal inhalar, seis exhalar; este ritmo estabiliza el diafragma y reduce la vibración de la cadera sobre el sillín. Lleva un gel isotónico en el interior del mono, justo debajo del cierre; lo aplastas con el muslo sin perder posición, lo ingieres en 4 pedaladas y cierras el tubo con los dientes para no desviar la mirada. En los últimos 500 m, sube de cuadro, empuja con los glúteos y piensa en la línea, no en el crono; la mente que mira el reloj ralentiza 0,3 km h⁻¹. Cuando cruces la marca, mantén la boca cerrada, el pecho abierto y suelta el manillar despacio: así recuperas 15 latidos en 45 s y conservas la presión arterial suficiente para la contrarreloj de mañana.
Meta Final: Celebración de la Victoria
Reserva en la acera de enfrente del arco de llegada en la avenida Paul-Santy; desde allí ves el sprint y dispones de sombra temprana para la foto de la campeona.
El último giro bate récord de decibelios: campanas, bocinas, tambores. Las banderas se agitan como velas y el asfalto vibra bajo los pies antes de que la línea blanca aparezca entre dos muros de gente.
La camiseta amarilla rompe el cordón, levanta la bicicleta sobre la cabeza y estalla en llanto. Su equipo la rodea, se abrazan, se manchan de sudor y maquillaje, y alguien consigue colar una botella de cava que estalla más rápida que el champagne, empapando a fotógrafos y niños que han saltado la valla.
Consejo: si buscas autógrafo, colócate junto al furgón antidopaje; allí las corredoras salen tranquilas y firman sin prisa. Truco: lleva un rotulador grueso, el que dura en el maillot húmedo.
La fiesta dura hasta que el sol besa los tejados rojos de Lyon: música disco, risas, bailes en rueda con bicicletas al hombro. Alguien pone "We Are The Champions" y todo el pelotón, ganadoras y rivales, canta junto, porque hoy la victoria es colectiva y la línea de meta solo fue el comienzo de la noche.
Actuaciones Destacadas de Ciclistas

Apuesta por Desiré Ehrler si quieres ver un ataque a 92 km de meta: la suiza cerró el puerto de Saint-Exupéry-les-Deux with 38×28, dejando a 47 rivales y firma la etapa con 1:42 de margen, récord desde 1998.
María Magdalena García deslumbró en la crono de Colmar: 48,6 km/h de media, 22 segundos mejores que la campeona defensora y el primer maillot arcoíris para Colombia en esta prueba.
Paulina Rooijakkers superó la tempestad en los Vosgos: pinchó a 11 km de la cima, cambió la rueda en 11 s, remontó 1:15 y subió al podio. Nadie había repetido la proeza desde la edición de 2004.
Nuevas Promesas del Pelotón
Apuesta por la neerlandesa Fem van Empel: a sus 23 años ya despacha con la frialdad de un veterano los repechos de los Vosgos y responde en el esprint como una pura velocista; su director la coloca en la rueda de Van Vleuten y ella no suelta el tren, aunque la carretera se ponga vertical.
La belga Julie de Wilde acelera los diez últimos kilómetros de la etapa reina, baja el hombro, y en la meta apenas levanta los brazos: la cara de asombro de sus rivales vale más que cualquier gesto. Tiene diecinueve años y el pulso que tembló en la primera crono ya no se mueve ni bajo granizo.
En la fila de firmas, la italiana Gaia Realini firma un autógrafo con la letra temblorosa de quien aún no ha cumplido los veintiuno; una niña le devuelve la cartulina y pregunta si el día de mañana podrá correr como ella. Realmini sonríe, pero la respuesta ya la tiene grabada en los gemelos: subir trece rampas por encima del diez por ciento y dejar el grupo a mitad de la última.
La anfitriona francesa Cédrine Kerbaol, nacida en la costa de Bretaña, desconocía los puertos de montaña hasta hace dos temporadas; ahora selecciona el plato grande en la primera pendiente de más de cinco kilómetros y deja a sus compañeras de equipo mirando el disco de la rueda de delante. Su entrenador confiesa que el test de lactato se le rompe la máquina cuando la ciclista aún puede hablar.
Entre los muros de un pueblo amurallado, la suiza Marlen Reusser aparece con una ciclista desconocida enganchada a su rueda: se llama Antonia Niedermaier, alemana de dieciocho años, y acaba de estrenar licencia profesional. Reusser sube el ritmo para desprenderla pero la joven permanece pegada como un imán hasta la última curva; al día siguiente la prensa bávara titula que ha aparecido "la nueva reina de la montaña alemana".
La colombiana Paula Patiño, aún sin equipo fijo, se cuela en la escapada de la jornada lluviosa, elige el momento en que nadie quiere mojarse y abre un hueco de dos minutos sobre el favorito colectivo. Su bicicleta pesa ocho kilos y medio, lleva llantas de aluminio y casco de la selección nacional de pista; cuando cruza la línea intermedia primera, la cámara la enfoca sola bajo un diluvio que parece aplaudirla.
La noruega Ingvild Gåskjenn completó la primera semana de carrera sin auxilio mecánico: pinchó en el descenso del Galibier, se bajó, abrió el cierre rápido con las manos entumecidas y siguió pedaleando hasta meta. En la zona mixta solo atiende una pregunta: "¿Cuántas carreras de este nivel habías hecho antes?" Responde en inglés con acede nórdico: "ninguna", y se aleja envuelta en un sudor que huele a gloria recién estrenada.
La británica Zoe Bäckstedt, hija de un campeón de ciclocross, salta la zanja de la hierba a la carretera con la misma desenvoltura que quien cambia de canal en la tele. Se prueba la crono del sábado, se coloca cuarta, y cuando le preguntan por la próxima temporada responde que le gustaría correr las clásicas belgas antes que los nombres rimbombantes de la primavera. Tiene diecisiete años y un contrato ya firmado que empieza cuando cumpla los dieciocho; mientras tanto, sigue yendo al instituto los lunes tras las carreras.
Campeonas Consolidadas
Apuesta por Annemiek van Vleuten si quieres ver cómo se rompe una carrera en la primera rampa de 10 %: la holandesa transforma cada pendiente en un muro de desgaste para sus rivales, y en 2026 bastaron 17 km para dejar a 38 corredoras a más de un minuto. Su estilo de ataque constante desde lejos ha devuelto el valor a las escapadas largas y obligado al pelotón a correr sin pausa.
| Campeona | Edición | Km contrarreloj | Desnivel total (m) | Ventaja final |
|---|---|---|---|---|
| Annemiek van Vleuten | 2026 | 34,6 | 12 250 | 3′ 14″ |
| Demi Vollering | 2026 | 22,4 | 11 900 | 1′ 58″ |
| Katarzyna Niewiadoma | 2026 | 28,0 | 13 100 | 4″ |
El palmarés actual respira ciclismo de altura: holandesas y polacas copan los tres cajones desde que existe la general definitiva para mujeres, con un promedio de 155 km de etapas de media montaña y dos finales en alto por edición. La brecha más estrecha, apenas cuatro segundos, ilustra la igualdad creciente entre especialistas que ya no contemplan la táctica conservadora.
Preguntas frecuentes:
¿Qué etapa del Tour de France Femmes 2026 dejó a todos sin aliento y por qué?
La etapa que más se recuerda es la quinta, con final en el mítico La Super Planche des Belles Filles. La subida final por esa rampa de grava del 24 % hizo que muchas favoritas se quedaran sin piernas. Allí Demi Vollering atacó a 3 km de meta, solo Annemiek van Vleuten pudo seguirla y la holandesa le arrebató el maillot amarillo a Marianne Vos. El crono de esa jornada fue demoledor: 22 minutos de diferencia entre la primera y la última clasificada. Para muchas aficionadas fue el momento en que el Tour femenino demostró que puede ser tan exigente como el masculino.
¿Cómo se vivió en carretera el duelo entre Van Vleuten y Vollering?
Las dos se marcaban de cerca desde el kilómetro cero. En la etapa reina de los Vosges, Vollering no perdió la rueda de Van Vleuten ni un segundo; cuando la italiana aceleró en la Grand Ballon, la neerlandesa respondió al instante. Los aficionados que llegaron a la cuneta vieron cómo se miraban, se estudiaban y se lanzan ataques cortos de 200-300 m para medir fuerzas. Al final, Van Vleuten se llevó la etapa y casi 3 minutos de diferencia, pero el gesto que quedó fue el de Vollering sonriendo mientras cruzaba meta: ya sabía que la batalla continuaría en otros Tours.
¿Por qué el maillot amarillo pasó tantas veces de manos en la primera semana?
Porque el equipo Jumbo-Visma apostó por la regularidad de Marianne Vos: ganó los bonificaciones de las etapas llanas y se defendió bien en los puertos de tercera categoría. Pero la falta de un contrarreloj por equipos hizo que el liderato se decidiera por segundos. Un día Vos perdió 8″ en un sprint intermedio y al día siguiente recuperó 10″ gracias a una fuga. Ese ir y venir de segundos mantuvo la incertidumbre hasta la crono del sábado, cuando Vollering arrebató el amarillo para no soltarlo ya.
¿Qué papel jugaron las francesas en esta edición?
La afición local tuvo varios momentos de euforia. Audrey Cordon-Ragot lideró la clasificación por equipos durante dos días gracias a una escapada de 60 km en la etapa 3. Juliette Labous acabó 5ª en la general, la mejor plaza para una gala desde 2006. Y en la llegada a Cahors, la júnior Cédrine Kerbaol se coló en la fuga del día y se llevó el premio de la combatividad. En cada pueblo los carteles "Allez les Bleues" se mezclaban con los del Tour masculino, algo inédito hasta ahora.
¿Cuál fue la imagen más emotiva fuera de la lucha por la general?
La llegada de la etapa 6 a Albi, cuando la suiza Marlen Reusser se acercó a la línea con 1′40″ de ventaja y rompió a llorar a 200 m de meta. Llevaba dos años sin ganar por una fractura de fémur; en la rampa final se le cruzó por la cabeza todo lo que había pasado. Las cámaras la pillaron mascando el manillar y soltando un grito que ni ella misma se esperaba. Detrás, el grupo de favoritas le dedicó una ovación al cruzar meta. Muchos espectadores confesaron que fue el momento en que se les saltó la lágrima.
